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Boceto
de las puertas del Salvador. Zapata
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“Larga
vigilia estirada
por los cuatro puntos cardinales como si fuera resina. Huele a pan caliente
en los hornos fríos de la Puerta de Valencia y el Huécar relame una a una
las piedras de su lecho.
La
Turba va por el Reo.
Bulle,
casi hierve, la plazuela atrial.
La
turba reclama al Reo.
Llegan rumiando sus sones por las
calles: baja del Peso, por Melchor Cano; por San Vicente, suben desde
Alonso de Ojeda, por la Esperanza, vienen por los aires, subterráneos se
escurren por las alcantarillas, nacen espontáneamente. Todo un colorido que
permanece en el amanecer confundiendo las rosas del albor con negros,
morados, granates, amarillos, blancos, rojos, beiges, verdes …
La Turba exige el Reo. Un reloj de
horas imposibles marca el tiempo inexorable, ciego…
Se abre el gran portón del templo con
un chirrido ahogado y el aullido del clarín rasga el peplo de la vergüenza.
Los tambores suenan, barruntan lluvia sobre el cenagal…
Por el quicio del soportal, ayudado por Cirineo: ¡JESÚS NAZARENO DE EL
SALVADOR! ¡JESUS CON LA CRUZ A CUESTAS! ¡EL JESUS!, recibe el agravio u
homenaje del primer escarnio” (José
L. Lucas
Aledón)
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